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Javier Velasco: arte, vidrio y libertad creativa
El artista de La Línea que suspendió 3.000 gotas de vidrio fundido en la Bienal de Venecia reflexiona sobre su trayectoria, el mercado del arte y el precio de la independencia creativa.
Javier Velasco es uno de esos artistas que no necesita presentación en los circuitos del arte contemporáneo español, pero que prefiere hablar desde la honestidad antes que desde el protocolo. En esta entrevista exclusiva para ARTERNATIVAS, el creador nacido en La Línea repasa su participación en la Bienal de Venecia, su relación con Harald Szeemann, el estado actual del arte contemporáneo y por qué hoy reivindica la libertad por encima de cualquier mercado.
Javier Velasco nació en La Línea de la Concepción, Cádiz, y ha construido una carrera artística singular, marcada por el uso de materiales insólitos —vidrio de Murano, mercurio cromo, azul de metileno— y por una visión del arte que antepone la emoción a cualquier tendencia. Su instalación en la Bienal de Venecia de 2001, con más de 3.000 gotas de vidrio suspendidas desde el techo del Arsenale, sigue siendo uno de los hitos más recordados de la plástica española contemporánea.
Javier Velasco
Artista plástico formado en Bellas Artes. Trabaja con instalaciones, pintura y escultura usando materiales poco convencionales. Ha expuesto en la Bienal de Venecia, colaborado con Harald Szeemann y participado en ARCO. Su obra forma parte de colecciones privadas y públicas de España e internacional.
Javier Velasco: trayectoria de un artista sin etiquetas
Obras de Javier Velasco · Imagen: ARTERNATIVAS
¿Cómo describirías tu trayectoria desde tus inicios como artista emergente hasta convertirte en una figura reconocida en la creación plástica española?
Quiero entender que el término "emergente" es el aplicado a alguien que empieza su andadura en la creación plástica. Este asunto debería ser independiente de la edad, puesto que hay creativos que empiezan su carrera pasada la edad que normalmente consideramos emergente. En lo que respecta a mi caso, yo estudié Bellas Artes y desde que estaba en la Facultad sentía que debía tener una producción propia y empezar a elaborar un discurso a la vez que investigar en distintas disciplinas.
En esa última década del siglo pasado, las influencias eran muchas y empezábamos a ver en el panorama artístico español otras disciplinas que no eran las habituales. Me interesaron la performance, el arte de acción y compromiso, las instalaciones y las intervenciones de objetos. Después de ese proceso uno llega a tener un planteamiento creativo propio, en las vertientes discursiva, temática e incluso técnica.
¿Qué significó para ti participar en la Bienal de Venecia en 2001 y cómo influyó esa experiencia en la carrera de Javier Velasco?
Para cuando participé como invitado junto a un grupo de artistas españoles en la Bienal de Venecia ya tenía bastante trayectoria recorrida. Es cierto que como escaparate supuso un trampolín importante, no solo por lo que la Bienal supone, sino también por la duración en el tiempo de la misma.
La instalación que presenté, de grandísimas dimensiones, consistía en crear un conjunto de más de 3.000 gotas de vidrio, fundido in situ, y suspenderlas desde el techo del Arsenale en la Giudecca. Era una pieza efímera —algo no muy frecuente en esa época— y muy compleja de elaborar, que tendría como final su propia destrucción. La poesía que irradiaba y la magia del material cautivaban a quienes la contemplaban: no era una obra que avasallara al espectador, sino que había que descubrirla al mirar hacia arriba y contemplar esa lluvia paralizada en el tiempo y el espacio.
"No era una obra que avasallara al espectador. Había que descubrirla al mirar hacia arriba y contemplar esa lluvia paralizada en el tiempo y el espacio."
¿Podrías compartir tu proceso creativo? ¿De dónde obtiene Javier Velasco la inspiración para sus obras?
Soy un artista de transición entre lo analógico y lo digital y eso me sitúa en una compleja frontera. Cuando yo comenzaba mi andadura creativa, internet era muy rudimentario. Soy de una generación que creó su base a partir de lecturas sobre arte, tanto contemporáneo como clásico. Los libros, las revistas de arte, los periódicos con sus suplementos y los catálogos eran nuestra antigua internet.
A partir de esas fuentes desarrollé distintos temas a la par que investigaba en los materiales: aparecieron el mercurio cromo y el azul de metileno, con los que pinté muchas e inmensas obras. Incluí más adelante el cristal de Murano, con el que empecé haciendo gotas de vidrio que podían alcanzar metros y metros de longitud. Mi proceso de aquella época era el estudio y el análisis para poder crear.
Mercurio cromo, azul de metileno y cristal de Murano son los sellos distintivos de su obra. Materiales que exigen dominio técnico, tiempo y riesgo —lo opuesto al arte de producción rápida que domina los mercados actuales.
Has trabajado con el comisario Harald Szeemann. ¿Cómo influyó su visión en la trayectoria de Javier Velasco?
Harald Szeemann fue alguien entrañable que cuidaba de los artistas que descubría y les ayudaba a trazar las líneas de su desarrollo. Pocas personas como él sabían ver dónde realmente había alguien que podía dar más de sí o simplemente era un producto. Le recuerdo con cariño y respeto. Sus textos siguen siendo objeto de tesis y aprendizaje. Incluso hoy se pueden sacar nuevos puntos de vista de sus hallazgos.
¿Hay algún proyecto que Javier Velasco considere un hito especial en su carrera?
Mi conjunto artístico El Séptimo Círculo, presentado en el espacio La Gallera de Valencia en 2012, en el que, a partir de los temas tratados por Dante en su Divina Comedia, presentaba toda una configuración escenográfica con pinturas en mercurio cromo e instalaciones en vidrio desde el techo del lugar. Es uno de los momentos más importantes de mi recorrido artístico y del que más orgulloso me siento.
"Ahora, cuando ya no tengo que demostrar nada, me gusta sentirme libre de condicionamientos. Me deleito con lo que quiero, con lo que sé hacer: una habilidad domesticada para la creación."
¿Cuál es la visión de Javier Velasco sobre el estado actual del arte contemporáneo en España y en el mundo?
El arte contemporáneo me sigue interesando venga del lugar que venga. Pero la capacidad de sorpresa casi ha desaparecido con la llamada migración de ideas. Creo que es tan difícil vivir del arte hoy en día que la creación está domesticada, y los únicos que realmente tienen ingresos son los comisarios y los múltiples intermediarios de la obra de arte. Al artista parece que se da por sentado que con que haga y pueda mostrar la obra ya debe estar contento, y esto hace que las obras sean sumamente pobres en lo material y en cómo se muestran.
No son buenos tiempos para el Arte. Veo más interés por resucitar a los clásicos —Picasso, Degas, Van Gogh— que realmente a los artistas contemporáneos. Igual hay que esperar a que mi generación desaparezca para que el tiempo ponga cada cosa en su lugar.
¿Qué consejos ofrecería Javier Velasco a los jóvenes artistas que comienzan su carrera?
Los consejos no creo que sirvan de manera genérica para todos los artistas, ya que cada creador tiene unas circunstancias y una realidad con la que lidiar. Un artista tiene que vivir y después crear. Es importante aprender y devorar todo lo que se pueda y después hacer tu propia relectura y ocupar tu propio ángulo de creador.
Ser sincero y no obedecer ciegamente a quienes se apropian de los trabajos de los artistas jóvenes. Es complicado, lo sé, pero es la única forma de no ser uno más. Igual que no nos gusta ver una misma película vayamos al cine que vayamos, con el arte contemporáneo pasa igual: lo principal es que podamos contemplar y emocionarnos con trabajos artísticos nuevos y atrevidos.
- Materiales insólitos: mercurio cromo, azul de metileno y cristal de Murano como lenguaje propio y reconocible.
- Arte efímero: obras pensadas para desaparecer, como la instalación de la Bienal de Venecia, que tenía en su destrucción parte de su significado.
- Escala monumental: gotas de vidrio de metros de longitud, pinturas inmensas — la proporción como recurso expresivo.
- Independencia crítica: cuestionó el sistema de ferias y galerías desde dentro, con conocimiento de causa y sin renunciar a su discurso.
- Libertad como etapa final: hoy trabaja sin presiones ni discursos impuestos, explorando el dibujo a punta de plata con la misma curiosidad que tenía al empezar.
Conclusión: Javier Velasco y el valor del arte sin intermediarios
La trayectoria de Javier Velasco es un recordatorio de que el talento sin estructura comercial independiente queda atrapado en manos de intermediarios que capturan el valor generado por el artista. Su honestidad al describir el mercado del arte —donde los comisarios y gestores cobran mientras el artista "debe estar contento con mostrar su obra"— coincide exactamente con lo que ARTERNATIVAS lleva años denunciando y combatiendo.
El modelo que defiende Velasco para las nuevas generaciones —autenticidad, aprendizaje propio, independencia de criterio— es el mismo que hace posible una plataforma como ARTERNATIVAS: artistas que venden directamente, fijan sus precios y no ceden el control de su obra a ningún intermediario.
ARTERNATIVAS: el espacio que Javier Velasco reclama para los artistas
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