The Burger Cup Conil 2026, ¿eso es cultura?

Publicado en 22/07/2026

The Burger Cup Conil 2026, ¿eso es cultura?

The Burger Cup Cultura Conil
The Burger Cup Conil 2026, ¿y la cultura?
Nº 03/2026
Política cultural

The Burger Cup Conil 2026, ¿y la cultura?

Qué es un espacio cultural, qué no lo es y qué revela sobre nuestras prioridades que La Chanca acoja una semana de hamburguesas.

Por Alba López Santos, directora de la Ruta FAIA · Diario de la Ruta · Lectura: 24 min

Nadie discute que un festival de hamburguesas sea divertido. La pregunta es otra: ¿por qué se celebra en el espacio que debería sostener el arte del pueblo?

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La Cultura de Conil vive estos días una escena que resume bien una confusión de fondo: del 20 al 26 de julio, con la colaboración del departamento de cultura del Ayuntamiento de Conil de la Frontera, el Recinto La Chanca se convierte en sede de The Golden Ibérica Burger, una semana dedicada a las hamburguesas de España y Portugal. No es una crítica al evento en sí. Es una pregunta sobre qué entendemos por cultura, qué esperamos de nuestros espacios y por qué en la Cultura de Conil se sigue tratando el arte y la gastronomía como si fueran la misma cosa.

Conviene decirlo con claridad desde el principio, porque el matiz lo es todo. Este artículo no defiende que un festival gastronómico no tenga valor, ni que la comida quede fuera de la cultura, ni que Conil deba renunciar a los eventos que animan el verano y atraen visitantes. Defiende algo más concreto: que un espacio pensado para la actividad cultural no es intercambiable por un recinto de ocio gastronómico, y que cada vez que la Cultura de Conil olvida esa distinción, alguien se queda fuera. Normalmente, ese alguien es un artista del propio pueblo.

Lo vamos a plantear como lo que es: un problema con causas identificables, unas dependencias que lo sostienen y unas soluciones al alcance de la mano. Sin dramatismo y sin descalificar a nadie, porque la mayoría de estas decisiones no responden a mala fe, sino a una manera heredada de entender la Cultura de Conil que ya conviene revisar.

Vista panorámica del conjunto de La Chanca de Conil, principal espacio para la cultura del municipio
El Recinto La Chanca, uno de los pocos espacios de cierta entidad para la cultura en Conil de la Frontera. Lo que se programe aquí define cuánta cultura cabe en el calendario.
El problemaUn espacio cultural usado como recinto gastronómico.
La causaLa Cultura de Conil confunde categorías distintas.
La pruebaFAIA nació en Conil y tuvo que irse a Cádiz.
La respuestaCriterios transparentes y una plataforma para el artista.
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Qué es La Chanca y qué papel juega en la Cultura de Conil

Antes de juzgar el uso de un espacio hay que entender qué es ese espacio. Y en la Cultura de Conil, La Chanca no es un recinto cualquiera: arrastra una historia y una carga simbólica que explican por qué su uso importa tanto.

El origen del espacio y su lugar en la Cultura de Conil

Conil es, antes que muchas otras cosas, un pueblo de almadraba. Durante siglos la vida económica de la villa giró alrededor de la pesca del atún y de su transformación, y la propia palabra «chanca» remite a ese universo: al lugar donde el pescado se trabajaba, se salaba y se conservaba. Recuperar ese nombre para un equipamiento público no es un detalle menor. Es una manera de decir que la memoria del pueblo tiene un sitio, y que ese sitio forma parte del patrimonio que sostiene la Cultura de Conil.

Cuando un espacio con esa carga se rehabilita y se pone al servicio de la comunidad, se convierte en algo más que unos metros cuadrados disponibles. Pasa a ser un contenedor de sentido. Lo que se programe allí manda un mensaje sobre qué valora la Cultura de Conil y a quién considera parte de ella. Por eso el debate sobre La Chanca no es una discusión sobre gestión de agendas: es una discusión sobre identidad.

Qué es hoy La Chanca dentro de la Cultura de Conil

Hoy el Recinto La Chanca funciona como un espacio polivalente de titularidad municipal, uno de los pocos con capacidad para acoger actividad de cierta escala en el casco de la villa. Y ahí aparece la primera tensión estructural de la Cultura de Conil: la polivalencia, que sobre el papel parece una virtud, en la práctica genera competencia entre usos muy distintos por un mismo espacio escaso.

Un recinto polivalente puede albergar una exposición, un concierto, una feria, una presentación institucional o, efectivamente, un festival gastronómico. El problema es que solo puede albergar una cosa a la vez. Cada semana que La Chanca es una feria de hamburguesas es una semana que no es una sala de exposiciones. Y en un pueblo con pocos espacios para la actividad cultural, esa aritmética no es neutral: define, en la práctica, cuánta Cultura de Conil cabe en el calendario.

Este es el marco que hay que tener presente durante todo el artículo. No hablamos de un espacio sobrante al que le buscamos utilidad. Hablamos de un recurso escaso y disputado, en un municipio donde la actividad artística ya tiene dificultades para encontrar acomodo.

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Cultura y gastronomía: qué separa a la Cultura de Conil de un festival

Llegamos al núcleo didáctico del artículo. Para discutir con criterio sobre la Cultura de Conil hace falta primero una distinción que suele darse por sabida y casi nunca se explicita: qué es cultura, qué es gastronomía y dónde se cruzan sin llegar a ser lo mismo.

Qué entendemos por cultura en la Cultura de Conil

Si acudimos a la definición que recoge el Diccionario de la lengua española de la RAE, la cultura es el «conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico» y también el «conjunto de modos de vida y costumbres, así como el grado de desarrollo artístico, científico e industrial» de una época o un grupo social. Son dos acepciones complementarias. Una apunta a la formación del criterio; la otra, al patrimonio compartido de una comunidad.

Aplicado a nuestra escala, la Cultura de Conil sería el conjunto de prácticas —artísticas, patrimoniales, educativas— que amplían la mirada de quien vive aquí y refuerzan lo que el pueblo es. Una exposición de pintura, un ciclo de conferencias, un taller de restauración, un encuentro de artistas: todo eso construye Cultura de Conil porque deja algo que permanece cuando la actividad termina.

Dónde encaja la gastronomía en la Cultura de Conil

Aquí conviene ser honestos y no caer en el purismo fácil. La gastronomía sí forma parte de la cultura, y en un pueblo como el nuestro lo hace de manera profundísima. El atún de almadraba, las recetas transmitidas de generación en generación, los productos de la tierra y del mar: todo eso es patrimonio inmaterial y forma parte legítima de la Cultura de Conil. Nadie sensato lo discute.

Pero hay una diferencia enorme entre la gastronomía como patrimonio cultural y un evento comercial de restauración. Una jornada sobre la cocina tradicional de la almadraba, con producto local y transmisión de saber, es cultura gastronómica y encajaría con naturalidad en cualquier programa de la Cultura de Conil. Una semana de hamburguesas de cadenas y establecimientos, por muy buenas que estén y por mucho que animen el verano, es otra cosa: es ocio y consumo. Legítimo, apetecible, generador de actividad económica. Pero no es programación cultural, aunque se celebre en un espacio cultural.

No todo es cultura: los límites de la Cultura de Conil

Esta es la idea que más cuesta asumir y la más importante del artículo: no todo lo que reúne a mucha gente es cultura. Un buen concierto puede serlo; un botellón multitudinario no, aunque congregue a más público. La diferencia no está en la cantidad de asistentes ni en el ambiente, sino en si la actividad aporta conocimiento, patrimonio o desarrollo artístico, o si simplemente ofrece consumo y entretenimiento.

Diluir esa frontera empobrece a la Cultura de Conil por partida doble. Empobrece el concepto, porque si todo es cultura entonces la palabra deja de significar nada. Y empobrece la práctica, porque cuando lo cultural y lo gastronómico compiten por el mismo recinto y el mismo presupuesto, casi siempre gana lo que llena más rápido, que rara vez es una exposición. Poner límites no es elitismo; es la condición para que la Cultura de Conil siga existiendo como algo distinto del ocio.

Que la gastronomía sea cultura no significa que un festival de hamburguesas sea programación cultural. La diferencia es precisamente lo que hay que proteger.

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El caso de La Chanca y el uso de los espacios de la Cultura de Conil

Con la distinción sobre la mesa, volvamos al hecho concreto. The Golden Ibérica Burger ocupa La Chanca del 20 al 26 de julio con hamburguesas de España y Portugal, y lo hace con la colaboración expresa del área de cultura municipal. Ese último dato es el que da que pensar dentro del debate sobre la Cultura de Conil: no es un particular quien alquila un espacio, es el propio departamento de cultura quien programa ocio gastronómico en su recinto de referencia.

Cartel de The Golden Ibérica Burger en La Chanca, festival gastronómico programado por el área de cultura de Conil
El cartel del festival, programado con la colaboración del departamento de cultura. La propuesta es legítima; la discusión es si su sitio es un espacio cultural o el paseo marítimo.

Por qué el paseo marítimo encaja mejor que un espacio de la Cultura de Conil

El argumento no es «fuera hamburguesas de Conil». Es «cada cosa en su sitio». Un festival gastronómico funciona mejor precisamente donde no compite con la actividad cultural: en el paseo marítimo, en una plaza abierta, en un entorno de verano y ocio con paso natural de público, terrazas cercanas e infraestructura pensada para el disfrute al aire libre. Ahí el evento gana, porque se coloca en su contexto, y la Cultura de Conil también gana, porque conserva su espacio para lo que solo ese espacio puede hacer.

Ubicar el festival en La Chanca, en cambio, produce el peor de los dos mundos. El evento gastronómico queda encerrado en un recinto que no está pensado para ese fin, y la actividad cultural pierde durante toda una semana —montaje y desmontaje incluidos— el único contenedor de cierta entidad del que dispone. Es una decisión que resta a las dos partes, no solo a la Cultura de Conil.

El coste de oportunidad que casi nunca se calcula en la Cultura de Conil

Toda decisión de agenda tiene un coste de oportunidad, y en la gestión de la Cultura de Conil ese coste casi nunca se hace visible. Cuando se anuncia que La Chanca acoge un festival, se comunica lo que se gana: público, ambiente, actividad. Lo que no se comunica es lo que se deja de hacer: la exposición que no cabe, el ciclo que se aplaza, el proyecto artístico que busca sede y no la encuentra. Ese lado invisible de la ecuación es exactamente el que este artículo quiere sacar a la luz, porque es donde la Cultura de Conil se juega su futuro.

Tres preguntas para evaluar el uso de un espacio de la Cultura de Conil

  • ¿La actividad deja algo que permanece? Conocimiento, patrimonio, obra, vínculo. Si al terminar no queda nada, probablemente era ocio, no cultura.
  • ¿Existe un sitio mejor para ella? Un evento que funcionaría igual o mejor en la calle no debería ocupar el único espacio cultural disponible.
  • ¿A quién se deja fuera? Todo uso de un recinto escaso excluye otros usos. Conviene saber qué actividad de la Cultura de Conil se queda sin sitio.
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Las 7 tensiones que arrastra la Cultura de Conil

Ordenemos ahora el diagnóstico. Estas son las siete tensiones estructurales que explican por qué el episodio de La Chanca no es una anécdota, sino el síntoma de un problema de fondo en la Cultura de Conil. Van de la más visible a la más profunda.

  1. Escasez de espacios. La Cultura de Conil dispone de muy pocos recintos capaces de acoger actividad de cierta escala, lo que convierte cada sala en un recurso disputado.
  2. Polivalencia forzada. Al haber pocos espacios, los que existen deben servir para todo, y esa versatilidad enfrenta usos incompatibles por un mismo calendario.
  3. Confusión de categorías. La Cultura de Conil trata el arte y la gastronomía comercial como equivalentes, y esa confusión legitima que un festival ocupe una sede cultural.
  4. Prioridad a lo que llena rápido. Entre una actividad de público inmediato y una de construcción lenta, la agenda tiende a elegir la primera, penalizando el trabajo cultural de fondo.
  5. Falta de criterios públicos. No hay reglas transparentes y conocidas que expliquen cómo se decide quién usa cada espacio y con qué prioridad dentro de la Cultura de Conil.
  6. Artistas locales sin acomodo. Varios creadores de Conil no exponen por falta de espacio y de hueco en la agenda, mientras los recintos se ocupan con otros usos.
  7. Coste reputacional. Cuando un proyecto cultural nacido aquí tiene que marcharse, la Cultura de Conil pierde prestigio, arraigo y capacidad de atraer talento en el futuro.

La séptima tensión no es teórica. Tiene nombre, fecha y lugar, y merece un apartado propio porque es la prueba más contundente de todo lo que venimos explicando sobre la Cultura de Conil.

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El caso FAIA: cuando la agenda expulsa a la Cultura de Conil

Acto de inauguración de FAIA en Conil en 2025, ejemplo de cultura hecha desde el propio pueblo
Acto de inauguración de FAIA en Conil, 2025. Un proyecto de cultura nacido aquí que, en su segunda edición, tuvo que trasladarse a Cádiz.

La Feria de Arte Independiente de Andalucía nació aquí. Su edición piloto se celebró en Conil de la Frontera en 2025 y funcionó: reunió a más de 2.500 visitantes, sesenta artistas y seis países en un pueblo que demostró tener apetito por el arte contemporáneo. Fue, en el sentido más literal, Cultura de Conil hecha desde Conil y para Conil, con proyección internacional. La clase de iniciativa que cualquier municipio querría retener y hacer crecer.

Por qué FAIA se trasladó a Cádiz y qué dice de la Cultura de Conil

La segunda edición, sin embargo, no pudo celebrarse en el pueblo que la vio nacer. Por falta de disponibilidad en la agenda de los espacios culturales de Conil, FAIA tuvo que trasladarse a la Casa de Iberoamérica de Cádiz. Un proyecto concebido aquí, con identidad conileña y vocación andaluza, terminó buscando cobijo en otra ciudad porque en la suya no encontró fecha ni sala. Es difícil imaginar una ilustración más nítida de la paradoja que atraviesa la Cultura de Conil.

Que esto ocurra la misma temporada en que La Chanca dedica una semana a las hamburguesas no es una casualidad malintencionada, pero sí es una fotografía elocuente de prioridades. No se trata de señalar culpables, sino de constatar un hecho incómodo: hubo agenda para el ocio gastronómico y no la hubo para una feria de arte propia. Cuando eso pasa, la Cultura de Conil está tomando decisiones, aunque no las formule en voz alta.

Artistas sin espacio: el coste invisible para la Cultura de Conil

El caso FAIA no es aislado. Detrás de él hay una realidad más callada y más cotidiana: varios artistas de Conil no exponen simplemente porque no hay dónde ni cuándo. No es falta de talento ni de obra; es falta de espacio y de hueco en el calendario. Para un creador, no poder mostrar el trabajo en el propio pueblo es una forma de invisibilidad que desgasta y, a la larga, empuja a marcharse.

Ese es el coste invisible de la Cultura de Conil: no se contabiliza porque no aparece en ninguna factura, pero se paga igual. Se paga en artistas que dejan de intentarlo, en proyectos que emigran, en una escena que podría ser vibrante y se queda a medias porque el espacio que la sostendría está ocupado por otra cosa. Y cada ausencia refuerza la siguiente, en una espiral que cuesta mucho revertir.

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La evolución de la Cultura de Conil y sus dependencias

¿Cómo se llega hasta aquí? Ningún problema estructural cae del cielo. La situación actual de la Cultura de Conil es el resultado de una evolución con su propia lógica, y entenderla ayuda a no repetir los errores. Conviene mirar tres dependencias que la condicionan.

Dependencia de la lógica turística en la Cultura de Conil

Conil es un destino turístico de primer orden, y eso moldea inevitablemente su política cultural. En un pueblo cuya economía estival depende del visitante, existe una presión natural hacia los eventos que generan afluencia inmediata, ambiente y consumo. El festival gastronómico encaja perfecto en esa lógica: llena, anima y se ve. La exposición de arte, en cambio, trabaja a fuego lento y no produce imágenes de multitud.

El resultado es que la Cultura de Conil ha ido derivando, sin decidirlo del todo, hacia un modelo de programación-espectáculo donde lo que se mide es el número de asistentes y el ruido generado. No es una perversión, es una deriva comprensible. Pero una política cultural que solo atiende a lo que llena renuncia justo a lo que la distingue: la capacidad de construir criterio, patrimonio y comunidad más allá de la temporada alta.

Dependencia de la sede en la Cultura de Conil

La segunda dependencia es la que ya hemos visto: la escasez de espacios. Cuando la Cultura de Conil descansa sobre uno o dos recintos polivalentes, cualquier decisión sobre esos recintos se vuelve un juego de suma cero. Programar una cosa es descartar otra. Y en ese reparto, la actividad con público inmediato desplaza sistemáticamente a la de construcción lenta, no por maldad, sino por la mecánica del calendario único.

Romper esta dependencia exige o bien ampliar el número de espacios disponibles, o bien establecer prioridades claras sobre el uso de los existentes. Mientras no ocurra ninguna de las dos cosas, la Cultura de Conil seguirá atrapada en la misma disyuntiva cada temporada, y el arte seguirá perdiendo casi siempre.

Dependencia del criterio en la Cultura de Conil

La tercera dependencia es la más profunda y la menos visible: la ausencia de un criterio explícito sobre qué es prioritario. Cuando no existe una definición pública de qué actividades merecen protección dentro de la Cultura de Conil, cada decisión de agenda se toma caso por caso, sin regla y sin rendición de cuentas. Y en ausencia de regla, lo que se impone es la inercia: se programa lo de siempre, lo que menos fricción genera, lo que más rápido llena.

Aquí está la raíz última del problema. No es que alguien decida deliberadamente perjudicar el arte. Es que nadie ha decidido explícitamente protegerlo, y en ese vacío la Cultura de Conil queda a merced de la presión inmediata. Cambiar esto no cuesta dinero; cuesta voluntad de definir prioridades y de escribirlas.

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Qué debería exigirse a la Cultura de Conil en transparencia

El diagnóstico solo sirve si abre camino a soluciones. Y la buena noticia es que las que necesita la Cultura de Conil no requieren grandes presupuestos, sino decisiones de gestión y transparencia. Estas son las cuatro más urgentes.

Una agenda pública de los espacios de la Cultura de Conil

Lo primero es lo más sencillo: publicar la disponibilidad y la ocupación de los espacios culturales municipales. Si cualquier vecino, artista o colectivo pudiera consultar en línea qué días está libre La Chanca y qué actividad ocupa cada fecha, buena parte de la opacidad actual desaparecería. Una agenda pública convierte la Cultura de Conil en algo verificable, y lo verificable es mucho más difícil de gestionar mal.

Criterios de reserva escritos para la Cultura de Conil

Lo segundo es establecer, por escrito y de forma accesible, cómo se decide quién usa cada espacio. Qué usos tienen prioridad, con qué antelación se solicita, quién resuelve y con qué criterios. No hace falta un reglamento farragoso: basta un documento claro que garantice que las decisiones sobre la Cultura de Conil no dependen de a quién se conoce, sino de reglas iguales para todos. Esta reivindicación, por cierto, es la que sostiene el manifiesto ciudadano por el acceso transparente a los espacios culturales de Conil, al que este artículo se suma con gusto.

Distinguir el uso cultural del uso gastronómico en la Cultura de Conil

Lo tercero es asumir la distinción que hemos desarrollado en todo el artículo y traducirla en gestión. Un recinto cultural puede acoger, ocasionalmente, otros usos; pero debería existir una ventana protegida —una parte del calendario reservada de forma prioritaria a la actividad artística y patrimonial— que ningún evento de ocio pudiera invadir. Así la Cultura de Conil dejaría de competir en desventaja permanente contra lo que llena más rápido.

Retener y no expulsar los proyectos de la Cultura de Conil

Y lo cuarto, quizá lo más estratégico: cuidar lo que nace aquí. Un proyecto como FAIA, gestado en Conil y con proyección internacional, es un activo que ningún pueblo debería dejar escapar por un problema de agenda. Retener el talento y las iniciativas propias debería ser una prioridad explícita de la Cultura de Conil, porque cada proyecto que se marcha se lleva consigo prestigio, red y futuro.

Preguntas frecuentes sobre la Cultura de Conil

¿Estáis en contra del festival de hamburguesas de Conil?

En absoluto. Un festival gastronómico es una propuesta legítima y divertida que aporta ambiente y actividad económica. Lo que planteamos no es su existencia, sino su ubicación: encajaría mejor en el paseo marítimo o en una plaza abierta que en el principal espacio cultural del pueblo. El problema no es la hamburguesa; es que ocupe el sitio del arte dentro de la Cultura de Conil.

¿La gastronomía no forma parte de la Cultura de Conil?

Sí forma parte, y de manera muy honda: la cocina de la almadraba y el producto local son patrimonio inmaterial. Pero hay diferencia entre la gastronomía como patrimonio cultural y un evento comercial de restauración. Lo primero es Cultura de Conil de pleno derecho; lo segundo es ocio, por mucho que se celebre en un espacio cultural.

¿Por qué FAIA se celebró en Cádiz y no en Conil?

Porque no hubo disponibilidad en la agenda de los espacios culturales de Conil para su segunda edición, y el proyecto tuvo que trasladarse a la Casa de Iberoamérica. Es el ejemplo más claro de cómo la falta de espacio y de criterio termina expulsando de la Cultura de Conil a iniciativas nacidas en el propio pueblo.

¿Qué se puede hacer si eres artista de Conil y no tienes dónde exponer?

Mientras la disponibilidad de espacios físicos siga siendo un problema, existen alternativas que no dependen de la agenda municipal. Una plataforma digital permite mostrar y vender obra sin necesidad de una sala, y un circuito itinerante como la Ruta FAIA ofrece salidas físicas en distintas ciudades. La Cultura de Conil no cabe entera en La Chanca, y por suerte ya no tiene por qué.

Conclusiones: ARTERNATIVAS como respuesta al problema de la Cultura de Conil

Recapitulemos. El episodio de La Chanca no es una anécdota veraniega: es el síntoma visible de una Cultura de Conil que confunde arte con gastronomía comercial, que dispone de muy pocos espacios y que, a falta de criterios públicos, acaba priorizando lo que llena rápido frente a lo que construye despacio. El resultado es que los artistas del pueblo se quedan sin sitio y que un proyecto nacido aquí, como FAIA, ha tenido que marcharse a Cádiz.

Frente a un problema con esas raíces, la solución no puede ser solo esperar a que el Ayuntamiento cambie de política, por más que ese cambio sea necesario y lo reclamemos. Hace falta también construir una infraestructura propia que dé al artista lo que el espacio físico municipal no le está garantizando. Ahí es donde ARTERNATIVAS ofrece una respuesta concreta a la Cultura de Conil.

ARTERNATIVAS es una plataforma de arte contemporáneo que permite a cada creador tener su propia tienda en línea, mostrar su portfolio y vender sin intermediarios, con independencia de si tiene o no una pared reservada en La Chanca. Un artista de Conil sin hueco en la agenda municipal deja de estar invisible: mantiene presencia, visibilidad en buscadores y venta directa durante todo el año. La Cultura de Conil, así, ya no depende por completo de un calendario que no controla.

Y a esa dimensión digital se suma la física de FAIA, la Feria de Arte Independiente de Andalucía, y su circuito itinerante, la Ruta FAIA. Un modelo que lleva el arte a distintas ciudades y que, precisamente por ser itinerante, no queda atrapado en la escasez de espacios de un solo municipio. Es la manera de asegurar que la Cultura de Conil tenga salida física aunque en Conil, temporalmente, no la encuentre.

La conclusión es sencilla y no es derrotista, sino constructiva: mientras trabajamos —desde el manifiesto ciudadano y desde el diálogo— por unos espacios culturales más transparentes y mejor gestionados, ARTERNATIVAS y FAIA garantizan que ningún artista de Conil tenga que esperar a que se libere La Chanca para poder mostrar su obra. Porque la Cultura de Conil es demasiado valiosa para dejarla depender de una sola sala y una sola agenda.

Tu obra no puede esperar a que se libere un espacio

En ARTERNATIVAS cada artista tiene su propia tienda en línea, su portfolio profesional y venta directa sin intermediarios. Y con FAIA, un circuito físico e itinerante para exponer en Andalucía. Cultura de Conil todo el año, dentro y fuera de Conil.

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Recursos para profundizar en la Cultura de Conil

  • Manifiesto ciudadano por el acceso transparente a los espacios culturales de Conil.
  • Definición de «cultura» del Diccionario de la lengua española (RAE), para distinguir cultura de ocio.
  • Bases de participación de la Ruta FAIA, con las salidas físicas del circuito itinerante.
  • Perfiles de artistas en ARTERNATIVAS, para mantener presencia y venta directa todo el año.
  • Diario de la Ruta, con crónicas y análisis de cada parada de la feria.
Alba López Santos, directora de la Ruta FAIA
Alba López Santos Directora de la Ruta FAIA Formada en conservación y restauración, montaje de exposiciones y mediación artística, dirige el circuito itinerante de la Feria de Arte Independiente de Andalucía. Escribe en el Diario de la Ruta sobre el trabajo que hay detrás de cada parada y sobre las condiciones que hacen posible —o no— la actividad cultural en cada ciudad.
Diario de la Ruta · Una feria sin filtros, sin intermediarios y sin elitismos
Blog de FAIA — Feria de Arte Independiente de Andalucía. Una publicación de ARTENARTE SL, empresa que impulsa los proyectos ARTERNATIVAS, FAIA, NEXO y CIAC.
2 Comments
  • Hola, yo soy unas de las artistas que relleno el formulario junto con portafolio de mis obras, para la exposición estival de verano en Conil ciudad de residencia en las salas culturales. Y quede fuera sin explicación ninguna por parte del responsable que gestiona éste evento.

    1. Hola Maria Milagros.
      Muchas gracias por escribirnos y por contarnos lo que te ha pasado. Sentimos de veras que te quedaras fuera de la exposición y, sobre todo, que no recibieras ninguna explicación. Esa falta de transparencia es, precisamente, lo que nos ha llevado a movernos.
      Te contamos en qué punto estamos. Desde ARTENARTE SL hemos impulsado un manifiesto ciudadano por una convocatoria pública y transparente de los espacios culturales municipales de Conil. Reunimos 88 firmas (entre artistas y personas que apoyan la cultura) y presentamos la petición completa ante el Ayuntamiento a través de la sede electrónica, para que la selección de quién expone deje de depender de decisiones sin criterios públicos ni comunicación a las personas participantes.
      Además, hemos descubierto algo importante: el propio Ayuntamiento aprobó en 2021 un decreto (el Decreto 372/2021) que ya regula cómo deben adjudicarse las salas municipales de exposiciones. Ese decreto establece una convocatoria abierta, un comité de selección con criterios de valoración públicos y la comunicación por escrito de las decisiones a los artistas. Es decir: lo que te ha ocurrido no debería haber pasado, porque existe una norma que obliga a un proceso transparente. Lo que pedimos ahora es que esa norma se cumpla.
      Estamos trabajando también con representantes del pleno municipal para que este asunto se plantee formalmente y las cosas cambien de verdad.
      Lo que esperamos es sencillo: que Conil abra una convocatoria pública, con reglas claras e iguales para todos, en la que casos como el tuyo no vuelvan a repetirse. Tu testimonio nos ayuda muchísimo a demostrar por qué esto es necesario, así que, si te parece bien, nos encantaría seguir en contacto contigo e incluso contar con tu experiencia para reforzar la iniciativa.
      Gracias de nuevo por dar el paso de escribir. No estás sola en esto.
      Un saludo cordial.

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